Cuando un hayedo asturiano combina silencio, montañas y una pista forestal que permite adaptar la caminata, el resultado merece algo más que una visita rápida. El bosque de Peloño, en el concejo de Ponga, ofrece precisamente eso: un paisaje de hayas centenarias, miradores hacia los Picos de Europa y una ruta exigente que también puede disfrutarse por tramos. Aquí explico qué encontrarás, cómo organizar la excursión, cuándo ir y qué normas conviene respetar.
Lo esencial para disfrutar del hayedo de Peloño
- Ubicación: se encuentra en Ponga, en el oriente de Asturias, dentro del Parque Natural de Ponga.
- Ruta completa: aproximadamente 27,5 kilómetros ida y vuelta desde Les Bedules.
- Dificultad: muy alta en el recorrido completo, con unos 1.027 metros de desnivel acumulado.
- Mejor época: el otoño ofrece el espectáculo de color más llamativo, aunque el itinerario puede realizarse durante todo el año.
- Plan flexible: no es necesario completar toda la ruta para entrar en el hayedo y disfrutar de sus puntos más atractivos.

Qué hace especial a este rincón de Ponga
El hayedo de Peloño es una de las grandes masas forestales continuas de Asturias y uno de los paisajes más representativos de la montaña oriental asturiana. Las hayas dominan el terreno, aunque entre ellas aparecen robles albares, acebos, abedules, serbales y otras especies que aportan variedad al bosque.
Su valor no depende únicamente de la belleza del paisaje. El monte forma parte del Parque Natural de Ponga, declarado también Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2018, y se integra en espacios de la Red Natura 2000. Esta protección refleja la importancia de un territorio donde conviven bosques maduros, pastos de montaña y fauna cantábrica.
Lo que más me atrae de este lugar es el cambio de ambiente a medida que uno se aleja de Les Bedules. Primero aparecen las panorámicas abiertas sobre el valle y las cumbres; después, la pista se introduce bajo una cubierta de hayas que filtra la luz y vuelve el recorrido mucho más íntimo.
Cómo es la ruta desde Les Bedules
El itinerario comienza en el mirador y collado de Les Bedules, un punto especialmente agradecido porque permite contemplar el valle de Ponga y los Picos de Europa antes de empezar a caminar. Allí existe además una pasarela de madera adaptada que facilita disfrutar del paisaje sin afrontar todavía el tramo de montaña.
La ruta sigue en buena parte el antiguo Camín de los Arrieros, convertido hoy en una pista forestal ancha y relativamente cómoda. El recorrido completo alcanza unos 27,5 kilómetros entre ida y vuelta, supera las cinco horas y llega aproximadamente a los 1.408 metros de altitud. Para una persona poco habituada a caminar por montaña, hacerlo entero en un solo día puede resultar demasiado ambicioso.
| Dato | Información práctica |
|---|---|
| Inicio y final | Les Bedules |
| Distancia total | 27,5 km aproximadamente |
| Desnivel acumulado | +1.027 m y -1.027 m |
| Duración orientativa | Más de 5 horas |
| Tipo de recorrido | Ida y vuelta por pista de montaña |
| Dificultad oficial | Muy dura en su versión completa |
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Los puntos que más merecen la pena
Tras unos 3 kilómetros se llega al Collado Granceno, donde hay una fuente y un desvío breve hacia una haya centenaria. Es un buen lugar para hacer una pausa, pero conviene no confiarse: todavía queda un tramo considerable si la intención es llegar hasta el extremo del recorrido.
Uno de los grandes protagonistas es el Roblón de Bustiello, un roble albar monumental que destaca dentro de un paisaje dominado por las hayas. Su presencia recuerda que el bosque actual no siempre tuvo la misma composición y que algunos árboles aislados pueden sobrevivir durante siglos gracias a su tamaño y resistencia.
Más adelante aparece la Collada Guaranga, desde donde se divisa el pico Sen de los Mulos y se conservan antiguos nidos de ametralladoras de la Guerra Civil. Quienes todavía tengan tiempo y fuerzas pueden continuar hacia la vega de Arcenorio, un espacio pastoril abierto situado bajo Peña Ten, con cabañas y la ermita de Arcenorio.
Qué animales y plantas se pueden observar
La vegetación cambia con la altitud y con la apertura del terreno. Bajo las hayas crecen pocas plantas debido a la sombra que proyecta el dosel arbóreo, pero en los claros aparecen acebos, helechos, brezos, serbales y flores de montaña. En otoño, las hojas cubren la pista y modifican por completo el aspecto del camino.
El entorno de Ponga es conocido por albergar especies como el oso pardo, el lobo, la nutria, el urogallo cantábrico y distintas aves rapaces. También pueden verse pájaros carpinteros, arrendajos, carboneros, agateadores y camachuelos, sobre todo si se camina despacio y se evita hablar a gritos.
Conviene ser realista con las expectativas. Peloño no es un parque zoológico y la mayoría de los animales permanecen ocultos. Si me interesa la observación de fauna, llevo prismáticos, mantengo distancia y doy prioridad a escuchar el bosque antes que a conseguir una fotografía.
Cuándo ir y qué llevar
El otoño es la temporada más popular porque las hayas pasan del verde intenso a tonos amarillos, cobrizos y rojizos. También es la época con mayor afluencia, especialmente durante los fines de semana, de modo que la tranquilidad que define al lugar se disfruta mejor a primera hora.
La primavera ofrece más agua, claros luminosos y una vegetación fresca, mientras que el verano suele ser agradable bajo la sombra del hayedo. En invierno, la nieve, el barro, la niebla y el hielo pueden complicar la pista, aunque la ruta figura como transitable durante todo el año. La previsión meteorológica debe pesar más que el calendario.
- Calzado: botas de montaña con buen agarre, incluso si solo se pretende recorrer los primeros kilómetros.
- Agua y comida: no conviene depender de servicios en el camino; la fuente de Granceno puede no ofrecer siempre el mismo caudal.
- Ropa: una capa impermeable y algo de abrigo son recomendables por los cambios rápidos de tiempo.
- Orientación: mapa descargado o dispositivo con la ruta, porque la cobertura telefónica puede ser irregular.
- Tiempo: hay que calcular el regreso, no solo la distancia hasta el punto más bonito.
El error más frecuente consiste en empezar pensando que será un paseo sencillo por un bosque. La pista es cómoda en varios tramos, pero la distancia total y el desnivel convierten la excursión completa en una jornada exigente. Para familias, personas mayores o visitantes con poca experiencia, recomiendo caminar hasta Granceno o hasta el Roblón y regresar sin convertir la visita en una prueba deportiva.
Cómo visitar el bosque sin perjudicarlo
La conservación depende de decisiones sencillas. Hay que permanecer en la pista principal, recoger todos los residuos y evitar arrancar plantas, mover madera o acercarse a las zonas de cría. La recomendación de no abrir atajos es especialmente importante en un bosque sensible al pisoteo y a la erosión.
Los perros deben ir siempre atados. En los pastos pueden aparecer mastines protegiendo al ganado, y lo prudente es mantener la distancia, no acariciarlos ni ofrecerles comida. Tampoco conviene acercarse a vacas, caballos u otros animales, aunque parezcan tranquilos.
La denominación de reserva natural parcial aparece vinculada a la planificación ambiental asturiana, pero la información del Ministerio para la Transición Ecológica señala que su declaración formal independiente todavía no se ha materializado. En la práctica, el visitante debe asumir que se encuentra en un espacio protegido y seguir tanto la normativa del Parque Natural de Ponga como las indicaciones locales.
También evitaría intentar localizar osos o urogallos por cuenta propia. Observar fauna sensible exige distancia, silencio y conocimiento del terreno; cuando el objetivo principal es la naturaleza y no la imagen perfecta, la experiencia suele ser mucho más respetuosa y satisfactoria.
La mejor forma de organizar la visita
Para una primera aproximación, elegiría una ruta parcial desde Les Bedules hasta Granceno o el Roblón de Bustiello. Permite conocer el corazón del hayedo, disfrutar de los miradores y reservar energía para regresar con luz suficiente.
La ruta completa tiene sentido para senderistas con buena condición física, previsión meteorológica estable y experiencia en recorridos largos. En ese caso, saldría temprano, llevaría la comida necesaria y comprobaría antes de marcharme el estado de la pista y cualquier aviso del Parque Natural.
Si se busca una escapada tranquila, Ponga merece al menos una jornada adicional. San Juan de Beleño, Sobrefoz y las vegas de montaña cercanas ayudan a entender que este paisaje no es solo una masa de árboles, sino un territorio ligado al pastoreo, a los caminos históricos y a la vida rural asturiana.
Una visita que se recuerda por el silencio
El principal atractivo de este hayedo no es acumular kilómetros ni alcanzar un único mirador. Es caminar bajo las hayas, reconocer el cambio de luz, escuchar a las aves y entender por qué este rincón ocupa un lugar tan especial en la naturaleza asturiana.
Mi consejo es sencillo: planifica una distancia que puedas disfrutar sin prisas, deja margen para detenerte y trata el bosque como un ecosistema vivo, no como un decorado. Así, incluso una excursión corta desde Les Bedules puede convertirse en una de las experiencias naturales más completas del oriente de España.